Tuesday, May 1, 2012

Consecuencias lógicas e inevitables de las creencias sobrenaturales

A pesar de que el holocausto es uno de los eventos históricos más horrendos y recientes en la historia de la humanidad, nunca me había detenido a tratar de encontrar una respuesta para la primera pregunta que me surgió cuando me enteré por primera vez de esa persecución y exterminación masiva de personas: ¿por qué los judíos? Sí, ¿por qué exterminar a ese grupo de personas y no a otro? Talvez haya sido que las ciencias sociales nunca fueron mi cup of tea, y no me detuve a investigar detalles. De cualquier manera, me alegra finalmente haber llegado a la explicación contundente y precisa de los eventos que desencadenaron esta matanza a gran escala.

En estos días me encuentro leyendo el libro "The End of Faith" de Sam Harris. Una de las ideas que Harris trata de comunicar es que el comportamiento de las personas está determinado por la diferentes creencias que tengan, independientemente de si son verdaderas o no. Un subconjunto de esas creencias son las de tipo religioso, mismas que prepararon el terreno del holocausto. Una destilación de creencias que ---al igual que un yacimiento de petróleo--- se había formado muchísimo antes de que alguien lo pudiera transformar en la gasolina que impulsara el motor del mencionado exterminio.

La lectura de los pasajes en el libro de Harris repercutió en mí a nivel emocional, por ridículo que parezca. No recuerdo otra vez que un texto me haya dejado con una sensación de desaliento, profunda tristeza y pesada decepción. Fue como si hubiera encontrado un documento que narrara las atrocidades que algún miembro de mi familia hubiera llevado a cabo. Sencillamente, no podía creer que el actuar de acuerdo a ciertas creencias pudiera llegar a un grado superlativo de maldad de la humanidad hacia la humanidad. No creí que pudiéramos caer tan bajo.

Comparto a continuación los puntos salientes del texto de Sam Harris donde habla sobre el holocausto y el origen del antisemitismo, tomado de las páginas 94 a 106 de "The End of Faith".

Tiempos antiguos

El problema para los Cristianos del primer siglo era simple: ellos pertenecían a una secta de Judíos que habían reconocido a Jesús como el mesías, mientras la mayoría de sus correligionarios no lo hicieron. Aún cuando Dios había pactado con el pueblo de Israel y entregado a su hijo en la forma de un hombre Judío, los primeros Cristianos eran y empezaron a ser de origen no Judío. Éstos empezaron a ver la negación de la divinidad de Jesús por parte de los Judíos como un acto consumado de maldad.

Con la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 EC (Era Común), Cristianos de origen Judío y no Judío sintieron que estaban viendo el cumplimiento de la profecía, imaginando que Dios actuaba a través de los romanos, castigando a aquellos que traicionaron a Cristo. El antisemitismo pronto alcanzaría una presunción triunfal. Con la declaración del Cristianismo como la religión oficial del Imperio Romano en 312 CE y la conversión de Constantino, los Cristianos empezaron abiertamente a ingeniárselas para degradar al mundo Judío. Se pasaron leyes que despojaban a los Judíos de ciertos privilegios. Fueron excluidos de la milicia y no se les permitía ejercer altos cargos públicos. Se les prohibió hacer proselitismo y tener relaciones sexuales con mujeres Cristianas, ambas bajo pena de muerte. El mismo San Agustín, se regocijaba de la subyugación judía y se deleitaba en el hecho de saber que estaban condenados a vagar por el mundo como testigos de la veracidad de las escrituras. El sufrimiento y la servidumbre de los Judíos era prueba de que Jesús había sido el mesías después de todo.

Edad Media

Durante la Edad Media, tal como a las brujas, a los Judíos se les acusaba de crímenes increíbles. El más prevalente de todos se conoce como el libelo de sangre, que nació de la creencia de que los Judíos necesitaban la sangre de un Cristiano (generalmente un recién nacido) para su uso en una variedad de rituales. Otras creencias que se tenían de los Judíos en aquellos tiempos eran:

  • Todos los Judíos menstruaban. Tanto hombres como mujeres y necesitaban la sangre de un Cristiano para re abastecerse.
  • Sufrían de hemorroides y llagas supurantes como castigo por el asesinato de Cristo.
  • Se creía también que la sangre Cristiana aliviaba los dolores de parto de la mujer Judía.
  • Era conocimiento común que los bebés Judíos nacían ciegos y que la sangre Cristiana les otorgaba la facultad de la vista al ser esparcida sobre los ojos del recién nacido.
  • Los niños Judíos nacían con los dedos pegados a su frente y sólo la sangre de Cristiano los liberaba de esa postura pensante sin riesgo alguno.
  • La sangre Cristiana era untada en los genitales de los niños Judíos de ambos sexos para hacerlos fértiles.

Dada la situación, ¿quién podría dudar que los Judíos de todas las edades gustaran de succionar la sangre de los niños Cristianos, para su uso posterior por sus ancianos durante las celebraciones de una boda? Finalmente, con una mentalidad que no deja cabos sueltos, los Judíos untaban a su gente moribunda con la sangre de un inocente bebé Cristiano (recién bautizado y luego sofocado), diciendo: "Si el Mesías prometido por los profetas realmente ha venido y era Jesús, que la sangre de este inocente asegure para ti vida eterna".

El colmo del absurdo era la preocupación medieval del sacrilegio de la hostia (host desecration). La doctrina de la transustanciación, formulada en 1215 establecía como un hecho indisputable que la hostia se convertía en el cuerpo de Cristo durante la misa. Después que este increíble dogma fue introducido, los Cristianos empezaron a preocuparse. Ahora que el cuerpo de Cristo estaba accesible de nuevo en la forma de una galleta, los Judíos podrían someter de nuevo al Hijo de Dios a pena y sufrimiento. El crimen del sacrilegio de la hostia fue castigado en toda Europa por siglos.

Es a través de esta historia de mandada persecución teológica que emerge el antisemitismo secular.

Tiempos modernos: el holocausto

La fascinación obsesiva de los alemanes con la pureza de la raza era la certidumbre que todos los elementos impuros---homosexuales, inválidos, gitanos y sobre todo, Judíos---suponían una amenaza contra la patria. Y mientras el odio hacia los Judíos en Alemania se expresaba en forma laica, era una consecuencia directa del Cristianismo medieval. El antisemitismo con tendencia genocida estaba presente ya mucho antes del holocausto, particularmente en Europa del este. En 1919, por ejemplo, seis mil Judíos fueron asesinados en Ucrania.

Con la aprobación de las leyes de Nuremberg en 1935, la transformación del antisemitismo alemán estaba completa. Los Judíos eran ahora considerados una raza, una que era perniciosa para una Alemania saludable. Como tales, ahora eran fundamentalmente irredimibles, porque aunque uno pueda abandonar su ideología religiosa y aún aceptar ser bautizado en la iglesia, uno no cesa de ser lo que uno es. Y es allí donde encontramos la complicidad de la iglesia en el intento de exterminar a un pueblo entero. La misma iglesia católica ayudó a averiguar quiénes eran de origen Judío y quienes no, recurriendo a los registros genealógicos que tenía en su poder. La cooperación y complicidad de la iglesia continuó aún durante los años de la guerra, cuando el precio de ser Judío ya no era únicamente el aislamiento de la sociedad, sino la deportación e inminente destrucción física.

* * *

El resumen anterior no es sustituto para la lectura directa del texto. Si alguien quedó con ganas de más detalles, lo invito a leer el libro u otras fuentes relacionadas.

Después de abordar el tema, quedan claras, tal como dice Harris, "algunas de las terribles consecuencias que surgieron de manera lógica e inevitable de la fe Cristriana".

Quisiera ver que alguien tenga la valentía embarrada de ignorancia pueril para afirmar que las acciones que Hitler fueron producto del ateísmo.

Aún cuando la doctrina Cristiana enseña a perdonar y amar al enemigo, no dejo de preguntarme ¿dónde quedó esa parte de doctrina cuando empezó toda la saña contra los Judíos? Pasaron siglos tras siglos y las autoridades de la iglesia se deleitaban en la desgracia de todo un pueblo. La única forma de entender el fenómeno es aceptando que todo fue hecho y elaborado por personas que en su tiempo no tenían mejor entendimiento y actuaron de acuerdo a sus creencias. Desde la misma elaboración de profecías y dogmas hasta la institucionalización y legalización del odio hacia un grupo de gente.

Es sólo gracias al avance cultural de la humanidad que los dogmas han perdido el poder que una vez tuvieron. Nuestra cultura ha avanzado a pesar de la prisión oscurantista que la fe imponía en el mundo. Actualmente la religión tiene un tinte más amable y humano del que vieron aquellos acusados de brujería en la Edad Media. Ese cambio es consecuencia de que la fe ha tenido que abandonar mucho territorio ante la comprensión moderna del mundo en el que vivimos. Ahora que sabemos que los fluidos corporales no tienen poderes mágicos, el libelo de sangre nos impacta como una creencia estúpida. Sería muy tonto por parte de la iglesia insistir en ello, aunque el Vaticano lo hizo incluso hasta el año 1914.

Como dije anteriormente, nunca pensé que la humanidad hubiera caído tan bajo. Nunca imaginé consecuencias de tal magnitud por el hecho de no ser parte de un culto religioso. Me he enterado de una historia humana aún más oscura de lo que imaginaba. No podemos culpar a los protagonistas de la historia por sus acciones, después de todo ¿qué otra cosa podían haber hecho, dadas las condiciones en que vivieron?

Somos nosotros y sólo nosotros los que determinamos el curso de nuestra historia. Ahora podemos hacerlo a la luz de conocimientos sólidos y no de dogmas. Ahora podemos cuestionarlo todo y no aceptar nunca un argumento por la autoridad de una persona o institución. Es una época hermosa para vivir. Sin miedo a espíritus, espantos, demonios o agentes sobrenaturales. Esa etapa ya la superamos.

Para terminar, cito un fragmento de "Pale Blue Dot" de Carl Sagan, que viene acorde a las creencias que una vez tuvimos

Our posturings, our imagined self-importance, the delusion that we have some privileged position in the Universe, are challenged by this point of pale light. Our planet is a lonely speck in the great enveloping cosmic dark. In our obscurity, in all this vastness, there is no hint that help will come from elsewhere to save us from ourselves.