Tuesday, May 3, 2011

Los Tres Comensales y la bebida rojiza

Se encontraban los Tres Comensales, C1, C2 y C3 degustando de un café después de una comida abundante y suculenta. Tanto lo fue, que la ausencia de una bebida digestiva inspiró unánimemente una búsqueda por las calles de aquel Centro Histórico. El objetivo: 93.75 mili litros de la nueva Quezalteca Rosa de Jamaica, la bebida rojiza. Los Tres Comensales salieron del café rumbo al bar N, lugar donde dicha bebida había sido observada por última vez.

En el camino los Tres Comensales preguntaron en las tiendas que les quedaban a su paso por la bebida rojiza. El éxito fue nulo.

Llegaron al bar N sólo para ver cómo la persiana metálica obstruía el camino hacia el interior del lugar. Los Tres Comensales caminaron un tanto decepcionados por la avenida número seis, tratando de dilucidar dónde podrían encontrar la bebida rojiza. A su izquierda vieron la puerta de un corredor que conducía a un bar sin nombre. Un poco oscuro por dentro y otro tanto de mala muerte. Allí se encontraban algunas personas que disfrutaban de bebidas espirituosas. C3 preguntó por Quezalteca Rosa de Jamaica. El bartender no sabía de la existencia de Quezalteca Rosa de Jamaica. Los Tres Comensales notaron que el sujeto acarició la idea de incorporar la bebida rojiza en los haberes de su bar. Después de la cavilación, sugirió ir al lugar L en la X calle, entre Y y Y+1 avenida. Uno de los clientes escuchó la conversación y también dio su sugerencia. Que se dirigieran a la calle 5 cerca del Palacio, "...donde hay dos chupaderos seguidos. Allí de seguro tienen." ---les dijo. Los Tres Comensales agradecieron a todos, incluso al tipo ---ya entonado--- que les ofreció tomar asiento en la barra hablándoles en inglés. Abandonaron el bar sin nombre y reanudaron la búsqueda.

"Qué serviciales y cordiales son los guatemaltecos después de los primeros tragos" ---dijo C1. Parecía que todos los presentes en aquel bar sin nombre se habían solidarizado con el noble propósito de los Tres Comensales.

A C2 se le ocurrió que quizás en el bar E podrían encontrar la bebida rojiza. Llegaron a dicho lugar después de un corto trote. C3 preguntó a la mesera por Quezalteca Rosa de Jamaica. Como en el caso anterior, Quezalteca Rosa de Jamaica no había puesto pie en aquel lugar. Y también como en el caso anterior, el dueño del bar trata de ayudar a los Tres Comensales en su misión. Les dijo que fueran a la abarrotería F, en la calle 6 1/3 entre la avenida Z y Z+1.

De nuevo los Tres Comensales comentaron acerca de la solidaridad del guatemalteco hacia aquellos que se entregan a los propósitos loables. Notaron que el lugar indicado se encontraba muy cerca. Efectivamente, era la abarrotería F, la definición misma del modismo "de mala muerte". C3 iba a preguntar una vez más por Quezalteca Rosa de Jamaica, pero antes de hacerlo, C2 y el mismo C3 la divisaron en uno de los estantes. Felices con el éxito de la búsqueda, los Tres Comensales pagaron por los 93.75 mili litros de la bebida rojiza, pidieron tres vasos y brindaron por la culminación exitosa de la misión y por el efecto digestivo que fue ---desde el principio--- la motivación primaria de aquella empresa.

Los Tres Comensales no estaban solos. En la abarrotería F habían clientes fieles al lugar, de aquellos que la visitaban de lunes a viernes y descansaban sábado y domingo. Uno de ellos les mostró su cortesía invitando a los Tres Comensales a otros 187.5 mili litros de la bebida rojiza. Ante tan vehemente y amable ofrecimiento, los Tres Comensales aceptaron con reticencia la invitación, pero únicamente a 93.75 mili litros.

Ya cuando estaban por irse, C2 compró otros 93.75 mili litros de la bebida rojiza para poder sacarle una fotografía y compartirla con su familia. Los Tres Comensales abandonaron la abarrotería F, satisfechos de haber alcanzado su objetivo y de lidiar exitosamente con aquellos clientes fieles quienes habían adquirido una cantidad adicional de amabilidad y cordialidad en virtud de la cantidad de tiempo que habían permanecido en aquel lugar.


En aquel Centro Histórico, la solidaridad bohemia es sólo una de tantas ánimas que habitan y transitan por las avenidas. Dispuesta a mostrarse a aquellos que disfrutan de la feliz tarea de recorrer sus calles y conocer sus rincones.

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