Thursday, February 17, 2011

Transformación de bar

Cuando vivía en Atlanta, disfrutaba de la caminata diaria desde mi oficina en Georgia Tech hasta mi apartamento. En el camino tenía la facilidad de pasar por la zona llamada Midtown. Una región que combina los edificios corporativos, hoteles, restaurantes, bares, discotecas y similares en una atmósfera de exclusividad y arquitectura moderna.

El destino de casi todos los martes era RíRá Irish Pub. Lugar con luz tenue y hermosa decoración. La especialidad era comida y bebida de origen irlandés. Las cervezas simbólicas: Guinness, Smithwicks y Harp. Mi cena tradicional: Fish & chips con una Guinness. Comida abundante, ambiente relajado y ocasionalmente música irlandesa.



Como todo lo bueno tiene un final, mi tiempo en Atlanta terminó. Pero eso no implica que tenga que abandonar la tradición alegremente adquirida y necesariamente adaptada. Ha sido una costumbre que nació cuando vivía en Louisiana, donde cada jueves el grupo de relatividad numérica peregrinaba al bar local. Cada vez que me he mudado de ciudad he tenido que encontrar un antro diferente, que se ajuste a mi trayectoria del campus a casa. Afortunadamente, nunca han faltado opciones, y la tradición ha continuado.

Ahora que vivo de nuevo en Guatemala City, el camino de la U a mi casa pasa invariablemente por el Centro Histórico de la ciudad. Tomar el transmetro y la reciente renovación de la Sexta Avenida son dos hechos cuya conjugación tiene por resultado una caminata desde la 18 calle a lo largo de la Sexta, bajando por la Novena hasta el parque Colón, donde tomo la otra camioneta a casa. Obviamente no tengo necesidad de hacer este inusitado recorrido pero ¿qué se puede hacer cuando uno disfruta las cosas?

Aquí es donde entra la transformación de bar. Una transformación dramática. No sólo la cerveza y la comida es diferente, sino el ambiente, la cultura, la música... Ahora he cambiado el fish & chips por las boquitas de revolcado y morcilla (aún no me gustan del todo, ¡pero tampoco me gusta dejarlas allí!), la Guinness por la Moza, el violín y la gaita por la marimba y los boleros en vivo, la arquitectura moderna por los edificios de antaño, la tiendas de conveniencia por los kioskos de joyería y numismática. Un cambio que no lamento en lo más mínimo. Ya lo extrañaba todo. Aunque creo que antes de irme no había crecido ni vivido lo suficiente para apreciarlo. El Centro Histórico es un lugar único.

Sean siempre bienvenidas las transformaciones de bar, de ciudad, de trabajo, de cultura, de amigos. Lo importante es que cada una de estas transformaciones sea "suave y continua" de modo que todas ellas tengan una "transformación inversa" que podamos utilizar para estar siempre en contacto con todos los buenos, inolvidables y fugaces momentos pasados.

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