Monday, February 7, 2011

El bus de regreso

Tomé el bus en la esquina del parque Colón, entre 9a. calle y 11a. avenida. El bus no era de los grandes. Más bien era de esos pequeños Mercedes Benz con una pequeña trompa. Pintado de rojo, en la tradición de los buses urbanos. Por lo menos cabe uno de pie sin tener que doblar la columna vertebral. Traía gente parada, pero no venía muy lleno.

Le doy al "brocha" un billete de cinco quetzales mientras subía las gradas, extendiendo mi mano en espera del vuelto. El brocha me dice que son cinco quetzales. Retiro mi propia mano vacía y termino de subir las gradas, levantando las cejas y pensando: "que robo, cinco quetzales a las ocho de la noche..." Lo único que me consoló fue pensar que por lo menos era más barato que tomar un taxi. Después de ese cobro, que era cinco veces màs del valor real del pasaje, se queda uno pensando que estos tipos son unos deshonestos, dignos de ser enemigos públicos de los buenos ciudadanos que regresan a sus casas después de un día de labores.

Me acomodé justo detrás del asiento a la derecha del conductor. Ese es el asiento comúnmente destinado a la traidita del conductor. Y efectivamente, en ese asiento donde normalmente cabrían unas tres personas sentadas, venía una sola chica. Delgada de piel morena, labios prominentes y dientes pronunciados. Lo que en buen chapín se llamaría "trompuda", mas no en forma despectiva. La chica tenía un buen aire y figura esbelta. Diría yo que no pasaría de los 20 años. Pero es difícil hacer una buena estimación con la tenue luz verde emanada por lo que parecía un marco de placa de vehículo colocada en el techo con los cables colgando. Un tipo que venía a la par mía trató de hacer conversación con la chica mientras el bus paraba en una gasolinera a cargar diesel y agua para el radiador. El tipo no paraba de presionar la teclas de un teléfono celular que traía en las manos. En eso le dice a la chica:
--- "Se te rompió en pantalón." Señalando la rodilla izquierda.
--- "Ya estaba roto." Contestó ella, con una sonrisa amable. Y seguramente ese pantalón ha estado rompiéndose poco a poco desde los últimos cuatro o cinco meses. Ella termina la conversación con el extraño, sacando la cabeza por la ventana y gritando algo al piloto de unos vientitantos años, que supervisaba el llenado del tanque.

El bus se fue llenando cada vez más. Como yo tenía la suerte de ir justo detrás del asiento de la traida del piloto, no me decían que me corriera en la fila de en medio. De pronto me percaté que la mano izquierda del piloto no era normal. Parecía tener una mano más pequeña y sin dedos. Al ver eso como que el enojo de haber cobrado cinco quetzales se hizo un poco menor. En el momento en que el tipo para el bus en una gasolinera a cargar diesel, toda la gente se pone de una mal humor generalizado. Por el lugar donde yo iba, el tipo me pide que le dé permiso para poder bajar del bus, al mismo tiempo que me dice que puedo poner mi mochila en la paquetera que se encuentra justo arriba de su asiento. Por alguna razón desconocida eso mitigó el hecho de parar a echar diesel. Era como si después de todo el tipo sabía ser amable con la gente que llevaba. Claro, amable en términos relativos, pues en esas circunstancias las personas casi son reces apretujadas en un espacio limitado. Pero no puede uno dejar de pensar que este pobre piloto y su ayudante tienen un nivel económico inferior a la media. El hecho de estar cobrando cinco veces más el valor del pasaje suena como a medida de desesperación, más que a una decisión arbitraria de hacer riqueza.

Finalmente llegué a mi parada y bajé del bus. No sin dejar de pensar la vida que el piloto y su ayudante (y también la traidita) deben librar todos los días. Una vida más dura de la que yo mismo conozco. Una vida en donde la cultura y el conocimiento son lujos inalcanzables, lo que importa es llevar dinero para subsistir día con día en un ambiente donde sobrevive el más listo y el más fuerte.

Cómo quisiera que la realidad fuera diferente y que estas personas tuvieran la oportunidad que yo mismo he tenido de poder alcanzar una educación y acceso a todo tipo de recursos.

No pude dejar de pensar en lo que todas estas personas podrían llegar a ser dadas las oportunidades básicas. Talvez será algo que nunca sabremos en el futuro inmediato. Quisiera pensar que la situación pueda cambiar por el bien todos los que vivimos y vivirán en este querido territorio, pero la verdad es que no lo sé, y no creo que nadie lo sepa...

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