Wednesday, May 13, 2009

Vida única

Es curioso que en los últimos días me he percatado un tema que recurre una y otra vez. Esta idea recurrente es la creencia en la vida después de la muerte. Una creencia que viene en distintos sabores y colores. Dependiendo de la religión a la que se pertenezca los detalles son diferentes. Uno de estos sabores de vida eterna dice que si sos bueno te vas al cielo y sos malo te vas al infierno. En el cielo la gente vivirá en un paraíso y serán felices eternamente. En el infierno es todo lo contrario. Allí la gente sufrirá horribles penas y dolor, por toda la eternidad. Dadas estas dos opciones la decisión es obvia: seamos buenos en esta vida para ganarnos el cielo después de morir. Después de todo, ¿quién no quiere ser feliz? y mejor aun, ¡feliz para siempre!

Lo bueno del caso es que no es más que un cuento. Un cuento diseñado en la infancia de la humanidad. En aquellos tiempos en que los humanos aun no tenían un entendimiento suficiente de la naturaleza en la que vivían, eventos como la muerte eran profundos misterios que no tenían otra explicación más que la voluntad de dioses caprichosos. La ocasión de la muerte sigue siendo el catalizador de preguntas como: ¿cuál es nuestro propósito?, ¿cuál es el significado de la vida?, ¿habrá algún plan cósmico en el cuál yo juego un pequeño pero importante papel? Es innegable que los humanos necesitamos consuelo a lo largo de nuestras vidas. Y no es muy difícil ver la manera en que creencias tales como la vida después de la muerte es una de esas cobijas de consuelo. Algo a lo que nos aferramos sin razón porque nos hace sentir mejor.

La creencia en la vida después de la muerte aparece por todas partes. Hace unos días vi la película "Gladiador" protagonizada por Russel Crowe. Allí redescubrí este tema recurrente. En la cinta, nuestro protagonista ---Maximus--- pierde a su familia a manos de su enemigo. Pierde su rango y su poder. No es más que un esclavo. Un diálogo conmovedor es el que sucede entre Maximus y Juba:

Juba: ¿Pueden escucharte?
Maximus: ¿Quién?
Juba: Tu familia. En la otra vida.
Maximus: Oh sí.
Juba: ¿Qué les dices?
Maximus: A mi hijo, le digo que lo veré pronto. Que mantenga los talones bajos mientras cabalga. A mi esposa... eso no te incumbe.

Así como esta escena existen hoy día, muchas personas que creen que sus familiares fallecidos los ven sonrientes desde el cielo. ¿Se imaginan cómo se sentiría el pobre Maximus si le dijeran que no hay evidencia alguna de que el ego y toda individualidad personal no sobreviven la muerte y degradación del cuerpo? Seguro que se habría suicidado. A muchas personas se les estaría quitando lo que talvez sería una razón para vivir. Lo que les hace levantarse en la mañana día a día. En otras palabras les estaríamos quitando su sábana de confort, los brazos de la madre protectora.

La humanidad avanza, crece y madura como especie. Así como los niños dejan de creer en Santa Claus, la cigüeña que trae los bebés y los amigos imaginarios; de la misma forma la humanidad empieza a darse cuenta que una idea como la vida después de la muerte es un cuento de la infancia. ¿Cómo ha sucedió? Ha sido la acumulación de conocimiento sobre el mundo que nos rodea, organizado y sistematizado en un conjunto coherente que hoy llamamos ciencia. La ciencia se soporta en evidencia y toda la evidencia apunta a que toda vida y conciencia termina en el momento de la muerte cerebral. No hay cielo ni infierno. Todo lo que tenemos es esta vida. Y esa es una afirmación más poderosa que cualquier promesa divina. Hay quienes la descartan basados en su fe. Cada quién es libre de creer en lo que se le dé la gana. Pero el hecho de creer en algo, no hace que ese algo sea cierto.

Ser buenos en la vida para no ir al infierno podría ser una buena razón para llevar una vida correcta. Si aceptamos que no hay cielo ni infierno, ¿dónde queda nuestra razón para ser buenos? El conjunto de creyentes se dividiría en dos bandos: el primero, los que seguirían siendo buenos y ven que no hay razón alguna de perjudicar a sus semejantes; y el segundo, los que se sentirían liberados de toda obligación moral y no pensarían dos veces antes de hacer algo que perjudique a las personas que les rodean.

En lugar de aferrarnos a la idea de que un ser supremo tiene un plan diseñado para nuestras vidas, de que todos tenemos un propósito definido para nuestra existencia, de que venimos a este mundo a sufrir y que nos espera nuestra recompensa después de muerte; ¿que tal si en lugar de vivir con esas creencias, adoptamos la realidad basada en hechos y en evidencia que hemos acumulado? Yo pienso que viviríamos en un mundo mejor. En lugar de aguantar el sufrimiento creyendo que en la otra vida vamos a ser felices, trataríamos a de ser felices aquí y ahora, puesto que esta vida es la única vida que tenemos. Al darnos cuenta que nadie a trazado un plan para nuestra vida y que nuestras acciones no son guiadas por los designios de los cielos, es entonces que somos libres de construir nuestra vida con total libertad y responsabilidad. ¿No sería esto abrir la puerta a la inmoralidad para que las personas hagan el mal? La decisión es de cada quién, ¿te produce satisfacción o felicidad el hacer el mal? Si tu respuesta es afirmativa, creyente o no, sos una mala persona y por las leyes de la sociedad --- que no toleraría el comportamiento criminal --- terminarías en la cárcel. ¿Acaso no es razón suficiente hacer el bien por el simple hecho de poner una sonrisa en el rostro ajeno? Todo mundo coincide en que la verdadera felicidad consiste en hacer felices a aquellos que nos rodean. ¿Es necesario tener la promesa del paraíso para que seamos buenas personas unos con otros?, ¿No suena eso a la advertencia que se le da al niño malcriado: "portate bien o no te compro el nintendo"?

La visión de la realidad que nos ofrece la ciencia en la actualidad sobrepasa toda doctrina religiosa. En la antigüedad pensábamos que la tierra era el centro del universo y que Dios nos creó a su imagen y semejanza. Ninguna persona que se precie de razonable podría tomar esas historias en serio. Toda la evidencia está en su contra.

Al final esto tiene repercusiones en nuestra vida diaria. ¿En qué medida el conformismo y la resignación se derivan de la promesa de una vida mejor después de morir? ¿En qué medida la promesa de una vida eterna en el paraíso impulsa a los creyentes a ser buenas personas? ¿Cuántos serán los buenos que son buenos porque viven con el miedo de ir al infierno? ¿Cuánta gente se queda sentada esperando que Dios venga a arreglar sus problemas?


La vida es aquí y ahora. Si queremos hacer algo útil con ella, esta es nuestra única oportunidad. Si no hacemos justicia, no la habrá después. Las miles de personas que han vivido y muerto en esclavitud no están disfrutando del paraíso. Los que se han muerto de hambre no están degustando del banquete celestial. Los que han muerto engañados no descubrirán jamás la verdad. El violador de menores que quedó libre por falta de pruebas no va a sufrir su castigo en el infierno. Todo opresor que no entregue cuentas a la justicia se habrá salido con la suya, jamás sufrirá condenación eterna. La única oportunidad de hacer algo por un mundo mejor es la vida que tenemos ahora.

Para concluir en una nota positiva, cito al buen Albert Einstein, que tiene un pensamiento para casi cualquier situación de la vida diaria :-)

Extraña es nuestra situación aquí en la tierra. Cada uno de nosotros viene a una corta visita, sin saber por qué, aunque a veces pareciera que vislumbramos un propósito. Desde el punto de vista de nuestra vida diaria, sin embargo, hay algo que sí sabemos: que los humanos estamos aquí por el bien de otros humanos --- por sobre todo por aquellos sobre cuyas sonrisas y bienestar descansa nuestra propia felicidad.

Albert Einstein

Friday, May 1, 2009

"The God Delusion" by Richard Dawkins



The God Delusion is a truly remarkable, inspirational and eye-opening book. Of course, that's my personal opinion, the opinion of a physicist. I'm not going to review this book. That has already been done hundreds of times all over the internet. What I am going to do is to post a few excerpts from the book. Some are quotations from Dawkins and some others are quotations from other people.



... Ambrose Bierce's witty definition of the verb 'to pray': 'to ask that the laws of the universe be annulled in behalf of a single petitioner confessedly unworthy'.

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... It has not escaped the notice of logicians that omniscience and omnipotence are mutually incompatible. If God is omniscient, he must already know how he is going to intervene to change the course of history using his omnipotence. But that means he can't change his mind about his intervention, which means he is not omnipotent.

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Martin Luther was well aware that reason was religion's arch-enemy, an he frequently warned of its dangers: 'Reason is the greatest enemy that faith has; it never comes to the aid of spiritual things, but more frequently than not struggles against the divine Word, treating with contempt all that emanates from God.'* Again: 'Whoever wants to be a Christian should tear the eyes out of reason.' And again: 'Reason should be destroyed in all Christians.' Luther would have had no difficulty in intelligently designing unintelligent aspects of a religion to help it survive.

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Quote from Albert Einstein at the beginning of Chapter 6: 'The roots of morality: why are we good?'



Strange is our situation here on Earth. Each of us comes for a short visit, not knowing why, yet sometimes seeming to divine a purpose. From the standpoint of daily life, however, there is one thing we do know: that man is here for the sake of other men --- above all for those upon whose smiles and well-being our own happiness depends.

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As the Nobel Prize-winning American physicist Steven Weinberg said, 'Religion is an insult to human dignity. With or without it, you'd have good people doing good things and evil people doing evil things. But for good people to do evil things, it takes religion.' Blaise Pascal (the one of the wager) said something similar: 'Men never do evil so completely and cheerfully as when they do it from religious conviction.'

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He [Hitler] may have agreed with Napoleon, who said, 'Religion is excellent stuff for keeping common people quiet', and with Seneca the Younger: 'Religion is regarded by the common people as true, by the wise as false, and by the rulers as useful'.

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Voltaire got it right long ago: 'Those who can make you believe absurdities can make you commit atrocities.' So did Bertrand Russell: 'Many people would sooner die than think. In fact they do.'

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More generally (and this applies to Christianity no less than to Islam), what is really pernicious is the practice of teaching children that faith itself is a virtue. Faith is an evil precisely because it requires no justification and brooks no argument.

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Just as feminist wince when they hear 'he' rather than 'he or she', or 'man' rather than 'human', I want everybody to flinch whenever we hear a phrase such as 'Catholic child' or 'Muslim child'. Speak of a 'child of Catholic parents' if you like; but if you hear anybody speak of a 'Catholic child', stop them and politely point out that children are too young to know where they stand on such issues, just as they are too young to know where they stand on economics or politics.

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I chose these quotes because I like them. They are not a fair summary of all the ideas presented in the book. However, they hit the nail so gracefully that is hard to read them just once!


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* http://jmm.aaa.net.au/articles/14223.htm